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24 ene 2011

El viajero solitario

Puede que nunca te hayas planteado viajar solo, pero quizás eres un viajero solitario en potencia y no lo sabes. Aunque pueda parecer triste viajar solo, hay veces en las que uno lo prefiere. A veces viajar en compañía implica verte obligado a visitar sitios que no te gustan porque así lo ha decidido la mayoría o quizás descansar con más frecuencia de la que necesitas. Si te gusta ir en plan mochilero, observar en silencio durante horas una puesta de sol o un monumento que visites sin tener que mirar el reloj y tener prisa por comer, beber o volver a la habitación del hotel, y te gusta aprovechar a cada instante cualquier contacto con la gente local para conocer mejor la cultura y la sociedad, puede que haya un viajero solitario en ti.  

Monumento al viajero solitario en Calle Larios, Málaga
Para el primer viaje en solitario que realices es conveniente empezar por España o un país cercano. Así el choque cultural o la sensación de sentirte sólo puede que se acentúe menos.
Si optas por viajar al extranjero, países como Francia, Holanda, Austria, Suiza e Inglaterra son recomendables por ser tranquilos, seguros y fáciles para desenvolverse (ya sea por mímica o chapurreando inglés). Hay otros destinos más exóticos pero también muy apropiados que no requieren de organización previa como Marruecos o Túnez. Aunque éstos también son países seguros, el cambio de cultura, el clima y algunas peculiaridades puede que te pongan a prueba en más de una ocasión. Si quieres hacerte una pequeña idea de cómo podría ir tu viaje en el continente africano, te recomiendo que leas algún libro de Javier Reverte: El sueño de África: En busca de los mitos blancos del continente negro (1998), Vagabundo en África (2000)  y Los caminos perdidos de África (2002). Si prefieres alargar la distancia, países como Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos e Islandia son países, a grandes rasgos, cómodos, donde no tendrás demasiadas complicaciones.

Ser un viajero solitario implica que podrás organizar el viaje a tu gusto, preparar el itinerario, las visitas, las paradas… Puedes viajar sin reservar alojamiento, sin planes fijos, siguiendo la máxima; El viaje está en el camino, o bien,  ir con tu viaje organizado. Tú decides.

En cualquier caso, tendrás que ser más cauto que el que viaja en compañía. Algunas de las precauciones que te sugiero que deberías tomar son: llevarte en la mochila el mínimo peso que te permita salir corriendo ante cualquier imprevisto, no hacerle el favor a nadie de guardar en tu mochila algo que no sea tuyo, y si  sospechas que alguien te ha metido algo en tu mochila sin tu consentimiento, llama inmediatamente al responsable de seguridad para que lo verifique. También deberías colocar el pasaporte, las tarjetas de crédito y el dinero en un doble fondo de un bolso o una mochila con cremallera que siempre lleves contigo. Es conveniente también que apuntes los teléfonos de las embajadas y consulados españoles, de los hoteles y el de tu casa por si lo necesitas en cualquier momento. Por la noche, evita las estaciones de trenes y autobuses, suelen encerrar ciertos riesgos. 


En cuanto al alojamiento, cuanto más grande y lujoso sea el hotel, posiblemente más solo te sentirás. Es conveniente que te alojes en hoteles familiares, hostales o albergues donde coincidirás con gente en tu misma situación.
 Las ventajas de viajar solo son evidentes: tú decides cómo quieres viajar, a dónde quieres ir y cuándo quieres hacerlo. Tendrás total libertad y no sentirás que estás perdiendo el tiempo. Como ser social que necesita la compañía de los demás, te será más fácil por puro instinto conocer gente y hacer amigos. De este modo vivirás el viaje con más intensidad, y te integrarás más con la gente y la forma de vida del país. Quizás consigas una conveniente agenda con amigos repartidos por el mundo.
El presupuesto lo podrás controlar tú, si te falta dinero para coger el tren que te lleva a un sitio, puedes ir andando sin tener que darle explicaciones a nadie.  La opción de alquilar un coche para moverte cómodamente te saldrá muy cara –al igual que coger un taxi- por lo que tendrás que pensar en otros medios de transporte como el autobús o el tren. Puedes viajar solo por tu propia decisión o porque no te quede más remedio por motivo de trabajo o incompatibilidad de horario con tus seres queridos, en cualquier caso, tú decides cómo, qué, cuándo y cuánto quieres conocer del sitio que visites.

20 dic 2010

Javier Reverte, un escritor que viaja

La actualización de hoy se la dedicaré a uno de los escritores de viajes que más admiro; Javier Reverte, un escritor licenciado en periodismo y filosofía que se considera, sobre todo, un escritor que viaja. Reverte mide el viaje a través de la escritura, de la necesidad de llevar sus experiencias al papel para darle una forma literaria enriquecida con naturalidad, humor y ternura. Dibuja los sitios, personajes, historias y rostros de un modo tan cálido que es fácil sentir que uno forma parte de la aventura.

Sobre África ha escrito una trilogía que comprende tres libros;  El sueño de África: En busca de los mitos blancos del continente negro (1998), Vagabundo en África (2000)  y Los caminos perdidos de África (2002). A través del diálogo mantenido con las personas que se ha encontrado a lo largo del camino que ha seguido en cada libro, Reverte se ha empapado de la cultura, historia, modo de vivir, y filosofía de vida de África. Para él, no hay mayor recurso para conocer que hablar con todo aquel con quien se encuentre.

La mirada de Reverte no es la de un turista que mira el mundo a través de la cámara, sino, la de un viajero que no se atiene a un itinerario preestablecido ni se apresura por las fechas de retorno a casa. Como aventurero que es, Reverte conserva la capacidad de sorprenderse, de rehuir de lo previsible, de estar atento para descubrir lo nuevo en aquello que ya ha sido mirado, “considerarse un pequeñísimo peso en el inmenso juego de equilibrios de la naturaleza” es el tipo de experiencia a la que apunta Reverte.

Dice que sus viajes son baratos porque viaja tres veces al precio de uno; mientras lo planea, durante el viaje en sí mismo y nuevamente al regreso, el momento de escribirlo y recordarlo. Aún pareciendo un proceso sencillo, su trabajo es laborioso. Primero, se documenta profundamente sobre las ciudades que va a visitar, tanto de la historia, la cultura, las tradiciones como de las características de la sociedad. Después realiza el viaje, sin prisas y abierto a cualquier acontecimiento inesperado, apuntando en un cuaderno del que no se separa en todo el viaje todo lo que sus ojos registran, los diálogos que mantiene, las emociones que le sugieren cada paisaje; todo cuanto siente y ve, en definitiva. Al volver a Madrid, combina sus experiencias directas con referencias históricas sobre las tierras que visita de las que se documentó antes de partir, explicando a través del pasado la situación del presente, además, traza paralelismos con las vivencias de otros escritores que pasaron por el mismo lugar.

Haciéndose llamar Martín y sin definir nunca el motivo de su viaje, Reverte se sumerge en cada ciudad que visita llevando únicamente una cámara de fotos, una mochila donde mete la ropa imprescindible, dinero repartido entre los bolsillos de la chaqueta y en la funda de la cámara, y un cuaderno y un bolígrafo. Reverte siempre viaja solo, así, tiene total  libertad de estar consigo mismo y de tomar todas las decisiones que forman el camino. Ese conocimiento de uno mismo y del otro abre la posibilidad de ser consciente de que lo fundamental se reduce a pocas cuestiones: gente que te quiera, un sitio para dormir y un plato de comida.

“Viajar es un acto de libertad, al igual que escribir es un modo de ser libre. El viajero busca lo que no imagina. Ningún lugar puede defraudar cuando se ha llegado a él guiado por la emoción. Y esa misma emoción es la que lo lleva a seguir buscando nuevos caminos y nuevas personas para conocer y crecer. Al fin de cuentas, de eso se trata viajar.”