1 nov. 2010

Contando experiencias... Oceanic

Oceanic



Si tienes la misma suerte que yo y te embarcas en el Oceanic, unos simpáticos mariachis –que te acompañarán durante todo el viaje- te darán la bienvenida cantando y tocando la guitarra con una sonrisa deslumbrante en sus caras mientras que te amenizarán la cola hasta entrar en el barco.

Tras identificarte, pasar la maleta por los controles debidos y entregar los papeles correspondientes con el nerviosismo que siempre liga esos momentos, entrarás en un hotel flotante donde la sensación de estar subido en una hamaca sólo la recordarás cuando desembarques en Villefrance. Con una rapidez impresionante, un camarero de pisos cogerá tus maletas (sin dejarte por mucho que insistas a llevarlas tú) a uno de los pisos más inferiores –si eres joven y estudiante como yo, seguramente irás debajo del todo, pero no te preocupes, está todo tan bien acondicionado que no te sentirás como los más pobres del Titanic- donde te acomodará y te presentará a tu camarera de pisos durante el viaje: una amabilísima persona propia de trabajar en un Starbucks que te enseñará tu camarote (pequeño, eso sí, pero para el poco tiempo que pasarás allí dentro más que suficiente) y siempre atenderá a tus peticiones con una sonrisa de oreja a oreja. Quizás puede te toque un camarero de pisos que haga figuritas de animales con tus toallas decorándote la habitación o ponga chocolatinas cada noche debajo de tu almohada.

Antes de poder hacer una ronda por el barco para investigar todas las dependencias que existen, los animadores turísticos te reclamarán para que vayas a la cubierta del barco a aprender la coreografía de la canción de bienvenida. Baila, disfruta y trata de no pisar al que tienes al lado puesto que suele haber una cámara grabando este primer momento en el barco. El primer día seguramente harán un simulacro de emergencia en el que te enseñarán cómo tienes que ajustarte correctamente un chaleco salvavidas y qué hay que hacer en caso de emergencia. Después, podrás dar una vuelta por todas las dependencias que ofrece el barco. Todo y más de lo que uno puede pedir durante unos días de vacaciones; si tienes dudas sobre cualquier cosa, puedes acudir a la recepción donde te suministrarán toda la información que desees (e incluso biodraminas). En el Oceanic hay restaurantes, buffet libre en el que no te mirarán mal si decides llenar tu bandeja hasta arriba de lo que quieras, un puesto de chocolate cuyo cocinero hará tortitas a cualquier hora, una  pizzería, un gimnasio por si te sientes culpable de comer tanto…, un casino, un salón de copas con bailes de salón a todas horas, un dibujante dispuesto a hacerte una caricatura en cualquier momento, una pareja de tango dispuesta a bailar por cada rincón del barco, discoteca, piscinas, jacuzzi… y unos animadores dispuestos a sacarte una sonrisa en todo momento. Sobre todas las actividades que se ofertan en el barco te informará tu camarera de pisos a través de una guía diaria en la que vienen todas las actividades que se ofrecen (clases de baile, concursos de todos tipos entre los que destaco un concurso de travestis nocturno, salón de belleza y peluquería, bingo, degustaciones culinarias…)

El ambiente que se respira en un crucero es el de felicidad en mayúsculas. El cliente paga y es el que manda, por ello, todo el servicio se esfuerza al máximo por ofrecer lo mejor de cada uno. No te cortes en pedir otro plato de comida si el menú que te han ofertado en la carta no te agrada ni te cortes en pedir cualquier otra cosa.

Como consejo, llévate sobretodo ropa cómoda para las frenéticas excursiones que vas a hacer diariamente, mete también en la maleta un conjunto elegante para la noche de gala en la que el capitán dejará el timón del barco para sentarse a cenar con los clientes en la última noche. Coge ropa de abrigo e incluso un paragua y chubasquero por si vas sobre marzo- abril y el tiempo empeora, y dinero para comprar excursiones y algún que otro souvenir.
Del clima de la ciudad te informará cada mañana después de sonar el despertador la directora del barco. Su tono de voz tan cordial no provocará que te moleste que haya interrumpido tus sueños.