20 dic. 2010

Javier Reverte, un escritor que viaja

La actualización de hoy se la dedicaré a uno de los escritores de viajes que más admiro; Javier Reverte, un escritor licenciado en periodismo y filosofía que se considera, sobre todo, un escritor que viaja. Reverte mide el viaje a través de la escritura, de la necesidad de llevar sus experiencias al papel para darle una forma literaria enriquecida con naturalidad, humor y ternura. Dibuja los sitios, personajes, historias y rostros de un modo tan cálido que es fácil sentir que uno forma parte de la aventura.

Sobre África ha escrito una trilogía que comprende tres libros;  El sueño de África: En busca de los mitos blancos del continente negro (1998), Vagabundo en África (2000)  y Los caminos perdidos de África (2002). A través del diálogo mantenido con las personas que se ha encontrado a lo largo del camino que ha seguido en cada libro, Reverte se ha empapado de la cultura, historia, modo de vivir, y filosofía de vida de África. Para él, no hay mayor recurso para conocer que hablar con todo aquel con quien se encuentre.

La mirada de Reverte no es la de un turista que mira el mundo a través de la cámara, sino, la de un viajero que no se atiene a un itinerario preestablecido ni se apresura por las fechas de retorno a casa. Como aventurero que es, Reverte conserva la capacidad de sorprenderse, de rehuir de lo previsible, de estar atento para descubrir lo nuevo en aquello que ya ha sido mirado, “considerarse un pequeñísimo peso en el inmenso juego de equilibrios de la naturaleza” es el tipo de experiencia a la que apunta Reverte.

Dice que sus viajes son baratos porque viaja tres veces al precio de uno; mientras lo planea, durante el viaje en sí mismo y nuevamente al regreso, el momento de escribirlo y recordarlo. Aún pareciendo un proceso sencillo, su trabajo es laborioso. Primero, se documenta profundamente sobre las ciudades que va a visitar, tanto de la historia, la cultura, las tradiciones como de las características de la sociedad. Después realiza el viaje, sin prisas y abierto a cualquier acontecimiento inesperado, apuntando en un cuaderno del que no se separa en todo el viaje todo lo que sus ojos registran, los diálogos que mantiene, las emociones que le sugieren cada paisaje; todo cuanto siente y ve, en definitiva. Al volver a Madrid, combina sus experiencias directas con referencias históricas sobre las tierras que visita de las que se documentó antes de partir, explicando a través del pasado la situación del presente, además, traza paralelismos con las vivencias de otros escritores que pasaron por el mismo lugar.

Haciéndose llamar Martín y sin definir nunca el motivo de su viaje, Reverte se sumerge en cada ciudad que visita llevando únicamente una cámara de fotos, una mochila donde mete la ropa imprescindible, dinero repartido entre los bolsillos de la chaqueta y en la funda de la cámara, y un cuaderno y un bolígrafo. Reverte siempre viaja solo, así, tiene total  libertad de estar consigo mismo y de tomar todas las decisiones que forman el camino. Ese conocimiento de uno mismo y del otro abre la posibilidad de ser consciente de que lo fundamental se reduce a pocas cuestiones: gente que te quiera, un sitio para dormir y un plato de comida.

“Viajar es un acto de libertad, al igual que escribir es un modo de ser libre. El viajero busca lo que no imagina. Ningún lugar puede defraudar cuando se ha llegado a él guiado por la emoción. Y esa misma emoción es la que lo lleva a seguir buscando nuevos caminos y nuevas personas para conocer y crecer. Al fin de cuentas, de eso se trata viajar.”